Considerado el máximo representante de la pintura moderna mexicana y un artista universal, Diego Rivera es conocido sobre todo por su obra muralista, su activismo político y su agitada vida personal, especialmente al lado de la también artista Frida Kahlo.

Viendo su imponencia física, nadie diría que de niño Rivera sufriera de raquitismo, pero así fue en su Guanajuato natal. Gracias a unas subvenciones del estado, en 1907 el veinteañero Diego pudo viajar a España donde se familiarizó con la obra de Goya, El Greco, Velásquez y otros maestros.

Dos años después viajó a París y vivió la efervescencia artística y bohemia de principios de siglo XX, continuando su viaje por Italia donde admiró los maestros del “Trecento” (Giotto, Cimabue) y los renancentistas (Miguel Ángel, Rafael, etc.).

En “Los amigos de Montparnasse” la pintora rusa Marie Vorobieff, amante de Rivera, hace un tributo a sus más íntimas amistades con las cuales compartieron sueños y ambiciones en la residencia “La Ruche” (La Colmena), en París. En el cuadro notamos a Diego Rivera, en alto a izquierda, justamente arriba de Marie y de la hija de ambos, Márika, aunque el cuadro es monopolizado por la figura central del guapo Amedeo Modigliani sobre el cual, atrás, vela su esposa Jeanne Hébuterne. Los demás son artistas, poetas, etc. de ese periodo. El mismo Modigliani también plasmaría a Rivera en uno de sus típicos retratos.

De regreso a México en 1921, Rivera se identifica con los ideales de la revolución mexicana y emprende un proyecto grandioso: pintar la historia de su pueblo, desde la época precolombina hasta los convulsos años ’20. Cabe considerar que en 1917 la Rusia zarista se convierte en el primer estado comunista, lo que luego sería la Unión Soviética o USSR. Rivera es izquierdista y se identifica totalmente con las injusticias que sufre el pueblo mexicano bajo los 31 años de dictadura de Porfirio Díaz.

En 1922 Rivera realiza su primera obra mural que titula “La Creación”. En ella Rivera plasma la idea de la creación del pueblo mexicano. Es una obra de clara influencia italiana, con colores al estilo de Giotto y también con perspectiva renacentista, todo aplicado al Nuevo Mundo y a la cultura indígena. Interesante notar que el hombre central nace de la naturaleza y a su alrededor hay ángeles, santos, personajes comunes, pobres y humildes; distinguimos, además, varios colores de piel como de cabellos, es decir los frutos del mestizaje.

“La Creación”, Anfiteatro Bolívar, Ciudad de México, DF

Curiosamente, por ciertas discrepancias, en 1929 Rivera es expulsado del Partido Comunista Mexicano y desde 1929 a 1935 Rivera trabaja en varias obras importantes. Pinta un mural en el Palacio de Cortés en Cuernavaca, otra obra en la Escuela Nacional de Agricultura, en Chapingo, y realiza sus maravillosos murales en el Palacio Nacional, DF, donde Rivera ilustra la historia de México desde los indios mexicas, en 1300, hasta el siglo XX.

El Palacio Nacional, sede actual del poder ejecutivo mexicano, además de ser un bellísimo y amplio palacio, es el lugar donde Moctezuma tuvo su trono a principios del ‘500, luego fue residencia de Hernán Cortés, conquistador español.

Escalinata principal del Palacio Nacional, Ciudad de México, DF

Este mural, al igual que todos los demás murales que Rivera realizó en otras zonas del Palacio, es sencillamente impresionante. Podemos notar claras alusiones cronológicas a la vida precolombina, a la llegada de los conquistadores españoles, a los dictadores mexicanos, a la influencia de la creencias religiosas, a las reclamaciones de tierra y libertad por parte del pueblo, la Independencia de México de 1810, la Revolución cien años más tarde, etc.

En estas obras de narración visual Rivera se asemeja al Miguel Ángel de la Capilla Sixtina: nos hace ver nuestra epopeya histórica, nuestra identidad pasada y presente y nos deja con preguntas hacia nuestro futuro. Además, hay que tener presente que al igual que en la Europa del ‘500, en el México de inicio siglo XX había un 95% de analfabetismo y las grandes obras pictóricas eran como la gente aprendía su historia y descubría su identidad.

El ’29 es también el año en el cual Rivera se casa con Frida Kahlo, una relación que con sus altos y bajos perduraría 25 años. La unión del “elefante con la paloma”, como algunos describieron a la pareja, dio muchos bellos frutos pero también originó profundo rencor, sobre todo por la vida bohemia a la cual Rivera nunca renunció. Muchas fueron las infidelidades de ambas partes, sin embargo la pareja siempre terminaba reconciliándose. Rivera tuvo tres hijas con otras dos mujeres pero Frida, a causa de los abortos espontáneos que sufrió, nunca pudo darle el Dieguito que tanto anhelaba regalarle.

En los años ’30 Rivera vivió en los Estados Unidos donde realizó varias obras en San Francisco, Detroit y Nueva York. “El Hombre en la Encrucijada” era un mural para el Rockefeller Centre y en el cual Rivera arbitrariamente quiso incensar el socialismo-comunismo pero fue duramente criticado y, finalmente, destruido. Luego, Rivera lo replicó en el Palacio de Bellas Artes en DF bajo el nombre “El Hombre, Controlador del Universo”. En ello podemos distinguir a Karl Marx, Lenin, Trotsky, la Armada Roja, etc.; toda su ideología política.

Siempre en México en 1947 Rivera pinta el mural titulado “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”. Es un paisaje imaginario, 4 metros de alto por más de 15 metros de largo, con varios personajes destacados de la historia mexicana. En este mural aparecen figuras como Hernán Cortés, Benito Juárez, Maximiliano y Carlota de Habsburgo, Emiliano Zapata, José Martí, Frida Kahlo, “La Catrina”, afamada calavera anti-clasista, que da la mano a Diego Rivera niño, etc… obviamente el mural es todo un comentario crítico sobre la historia de México, entre sus pulsaciones conservadoras (la conquista, la época colonial, la independencia, la invasión norteamericana, la intervención europea) y las varias acciones libertadoras (los movimientos campesinos, la lucha popular, la Revolución, etc.).

Tras la muerte de Frida Kahlo, en 1954, Diego Rivera quedó muy afectado y cayó enfermo, viajó a la USSR a curarse, se casó por cuarta vez pero falleció en noviembre de 1957 dejando un legado artístico precioso.

Su ideología política obviamente es cuestionable, de hecho el socialismo-comunismo ha sido un rotundo fracaso por doquier. Pero el capitalismo exacerbado tampoco es la panacea. En este principio de siglo XXI seguimos con muchísima injusticia y desequilibrio económico, en América Latina y en todo el mundo, pero también cobijamos la esperanza que una época mejor venga para toda la humanidad.